Se nos olvida con frecuencia A pesar de la frescura de la rosa Se nos olvida con frecuencia El rojo dolor de los que sufren La mano agotada alrededor de una moneda La risa seca por el adiós de la inocencia Llenos de olvido dejamos de lado A los que arrastran la miseria como un caparazón Y en sus pasos se acrecientan los caminos del aire La fatiga En un costado la muerte y en el otro Una leve esperanza de ser reconocido De ser al menos mascota de cualquier dueño O parte añeja de aquél rosal cuidado Llegamos a las cosas y se nos aferran los olvidos Nos da temor perder en ellos lo que si tenemos Y tiene más valor ese temor o esta bicoca Que la risa de...
OLIMPO Afortunadamente el barquero Caronte confundió el botón con la moneda del viaje y me dejó seguir a su barca. Atrás quedaba mi cuerpo en un respirador y las angustias del personal médico por no haberme podido salvar. Recorrimos un largo trecho del rio Aqueronte en medio de brumas y ecos descompuestos, hasta llegar a una gran laguna (Estígia) y una playa bifurcada. En un lado, lodo y vegetación en grisura, en donde sobresalía una figura iracunda e inmensa con un perro de dos cabezas: se trataba de Hades y su cerbero, dios del inframundo. En el otro lado, un ser ligero y bello, en medio de un ambiente primaveral: Era Hermes el mensajero de los dioses del Olimpo con su casco alado. Nos hicieron bajar y nos iban distribuyendo a cada lado. Al llegar mi turno, Hades se abalanzó seguro sobre mí, pero la intervención alada de Mercurio me salvo de vivir en el inframundo. No estaban bien seguros de mi conducta en la tierra, pero algo de luz desplegaba mi alma ensimismada. Los unos sigui...
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