TASAJERA A 36 subió la cifra de muertos Por explosión de camión sisterna en Tasajera ¡Marco, Marco hay buena pesca en la carretera! Le gritaron desde fuera de la casa. Marco se despertó asustado y somnoliento. Había estado tomándose unas cervezas con su padre y su tío la noche anterior, celebrando el nacimiento de su hija. Ellos eran pescadores y él se ganaba la vida como mototaxista. El día anterior, habían capturado algunos peces en el mar y pudieron comprar, quitándole algo al mercado, una canasta de cerveza. Sería la última cerveza de sus vidas. Antes, le contaron esa noche a Marco, la pesca era abundante, pero desde que construyeron la carretera entre el mar y la ciénaga, ésta se convirtió en una cloaca por la falta de oxígeno. Se acabaron los peces, los manglares y se convirtió en un basurero. Se acabaron también nuestros trabajos y el pueblo se volvió miserable. Salió presuroso a la calle y el amigo le continuaba hablando entre gritos, que se había volcado un camión cisterna lle...
OLIMPO Afortunadamente el barquero Caronte confundió el botón con la moneda del viaje y me dejó seguir a su barca. Atrás quedaba mi cuerpo en un respirador y las angustias del personal médico por no haberme podido salvar. Recorrimos un largo trecho del rio Aqueronte en medio de brumas y ecos descompuestos, hasta llegar a una gran laguna (Estígia) y una playa bifurcada. En un lado, lodo y vegetación en grisura, en donde sobresalía una figura iracunda e inmensa con un perro de dos cabezas: se trataba de Hades y su cerbero, dios del inframundo. En el otro lado, un ser ligero y bello, en medio de un ambiente primaveral: Era Hermes el mensajero de los dioses del Olimpo con su casco alado. Nos hicieron bajar y nos iban distribuyendo a cada lado. Al llegar mi turno, Hades se abalanzó seguro sobre mí, pero la intervención alada de Mercurio me salvo de vivir en el inframundo. No estaban bien seguros de mi conducta en la tierra, pero algo de luz desplegaba mi alma ensimismada. Los unos sigui...
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