OLIMPO Afortunadamente el barquero Caronte confundió el botón con la moneda del viaje y me dejó seguir a su barca. Atrás quedaba mi cuerpo en un respirador y las angustias del personal médico por no haberme podido salvar. Recorrimos un largo trecho del rio Aqueronte en medio de brumas y ecos descompuestos, hasta llegar a una gran laguna (Estígia) y una playa bifurcada. En un lado, lodo y vegetación en grisura, en donde sobresalía una figura iracunda e inmensa con un perro de dos cabezas: se trataba de Hades y su cerbero, dios del inframundo. En el otro lado, un ser ligero y bello, en medio de un ambiente primaveral: Era Hermes el mensajero de los dioses del Olimpo con su casco alado. Nos hicieron bajar y nos iban distribuyendo a cada lado. Al llegar mi turno, Hades se abalanzó seguro sobre mí, pero la intervención alada de Mercurio me salvo de vivir en el inframundo. No estaban bien seguros de mi conducta en la tierra, pero algo de luz desplegaba mi alma ensimismada. Los unos sigui...
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